sábado, 12 de septiembre de 2009

PRESENTACIÓN DE SUSANA SELEME

LIBERTAD DE PRENSA y POLÍTICA
Susana Seleme Antelo

LA IMPORTANCIA DE UNA BUENA INFORMACIÓN

“ A los cuatro elementos de la naturaleza: aire, agua, fuego y tierra habría que agregar hoy la información” sentencia acertadamente el español Ignacio Ramonet, doctor en Semiología, Historia de la Cultura, especialista en geopolítica y estrategia internacional, escritor y autor del libro “La tiranía de la comunicación”.

En criterio de Ramonet, hasta hace poco informar era responder a cuestiones básicas de ¿quién ha hecho qué?, ¿con qué medios, ¿dónde?, ¿por qué? ¿cuáles sus consecuencias? En otras palabras, informar era proporcionar no sólo la descripción precisa y verificada de un acontecimiento, sino también aportar un conjunto de parámetros contextuales que permitan comprender su significado profundo.

Agrega Ramonet en el libro citado que después de la explosión globalizadora y de la influencia decisiva de la televisión, que tiene el privilegio de transmitir en “tiempo real”, informar es ahora “enseñar sobre la marcha” y hacer asistir al acontecimiento a través de la imagen para darle todo su significado, sin preocuparse de su profundidad.

En la misma perspectiva , el autor señala que la veracidad de la información ya no responde estrictamente a criterios objetivos, rigurosos y verificados de las fuentes, sino simplemente a que otros medios repitan las mismas afirmaciones y las “confirmen”, privando a las los receptores de la información, de la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso.

Actualmente, la vida cotidiana, de una u otra forma, pasa por la construcción mediática que transmiten los medios de comunicación social en sus tres versiones: la televisión, la radio y lo que se llama prensa plana o prensa escrita. En cualesquiera de ellas, los medios son instrumentos de grupos de poder o vehículos de actores sociales que representan intereses diversos y específicos.

Lo que no deben hacer ni medios ni periodistas es convertir la información en una tiranía al servicio de intereses que no sean los del interés y el bien común de la sociedad y de quienes conforman su tejido humano.

El acceso a la información y a la libre expresión son un derecho de ciudadanía, propio de la práctica democrática, más que un derecho exclusivo y excluyente de los medios de comunicación, amparados en la libertad de prensa.
Que los medios hagan uso de ese derecho en tanto instrumento trabajados por personas en ejercicio de su ciudadanía, además de ejercer su oficio de periodistas, implica no sólo libertad de expresión, sino también más de una responsabilidad.

Varias de ellas tienen que ver precisamente con el equilibrio, mesura, respeto y buena calidad que debe existir entre la veracidad-objetividad de la noticia y la forma de hacer llegar y transmitir la información a los destinatarios-as.

La credibilidad de los medios y de los operadores de la información descansa en su capacidad de informar con objetividad, imparcial y verazmente.

Pero al mismo tiempo, en poder ser sometidos también al juicio de los destinatarios de su trabajo, los receptores, es decir la ciudadanía, como un contrapeso necesario y saludable a su extraordinario poder comunicacional.

En ese marco, la libertad de expresión en los medios debe respetar el derecho de la ciudadanía a ser bien y verazmente informada, sin manipulaciones, ni amarillismos, ni sensacionalismos.

Si la libertad de expresión implica aceptar posiciones, opiniones y críticas diversas, el derecho a la información que le asiste a ciudadanas y ciudadanos, exige de los medios y de sus operadores seriedad y mucha sabiduría para distinguir lo frívolo de lo auténtico.

Un periodismo de buena calidad es impensable si no está en función de la sociedad y de su demanda cada vez mayor de estar correcta y adecuadamente informada. La aplicación de los valores tradicionales de independencia y autonomía, el respeto por los hechos, la defensa de las opiniones, el rigor informativo, siguen siendo los grandes pilares de esta profesión.

La banalización de la información, la superficialidad en el tratamiento de la realidad, la abierta ignorancia o la renuncia a contrastar las fuentes no pueden ser invocadas como sinónimo de inmediatez o signo de los nuevos tiempos.

De la misma manera que un buen-a periodista es quien hace de la responsabilidad profesional un principio de ética en función de la verdad y la objetividad periodística.

El derecho a disentir, la libre circulación de las ideas, el intercambio de criterios, opiniones y puntos de vista, es decir, aceptar las diferentes visiones del mundo de hombres y mujeres, son un signo de tolerancia y cultura democráticas.

La libertad de prensa y la libertad de expresión son, ante todo, un derecho de ciudadanía. Sólo así se garantiza el respeto de los medios y de los comunicadores a los receptores de la información, que somos todos los ciudadanos y ciudadanas, pues en el campo de la información y de la comunicación, el respeto debe ser de ida y vuelta.

Partir de supuestos, de rumores, de información no comprobada; dar rienda suelta a afectos y desafectos políticos y personales; presentar a la ciudadanía noticias distorsionadas, magnificadas o disminuidas; hacer omisión de la presunción de inocencia en casos de denuncias de corrupción no sancionadas por las instancias pertinentes, flaco favor le hacen a la construcción de una cultura democrática.

Además, de esa forma se subestima la capacidad comprensiva y crítica de la ciudadanía, que es sutilmente desinformada, mal informada o manipulada.

Al asumir una función fiscalizadora, los medios y los periodistas se han convertido en jueces y partes, a veces de manera injusta, poco profesional, sensacionalista, exagerada y cargada de subjetivismos, que mal informan o desinforman, con sus nocivas consecuencias. LOS ABUSOS DE LA LBERTAD DE PRENSA suelen caer muchas veces en la RUPTURA DE LA INTIMIDAD.

Pero no es sólo eso. En el meollo del discurso de la comunicación que emiten los medios y de la información que proporcionan, hay un elemento sustancial que tiene que ver con el comportamiento de la ciudadanía.

La relación que se establece entre el emisor y el receptor, mediante la comunicación de la información, afecta el comportamiento, la percepción de la sociedad e incide en las actitudes pesimistas u optimistas de los receptores.

Porque, además, la opinión pública no es una opinión innata en las personas. La opinión es un parecer subjetivo que se convierte en opinión pública cuando es plasmada en los medios de comunicación.

Para Fernando Savater, filósofo español, el saber es tener la capacidad de organizar, de gestionar y de orientarse en el actual complejo mundo de la información.

Si en democracia la libertad de expresión y de prensa forman parte de los derechos humanos y suponen además la capacidad para aceptar las críticas y las diferencias, rescatando que la democracia es consenso y disenso, el derecho a una información veraz y objetiva, también exige que los medios de información y los comunicadores sociales, que son los formadores de la poderosa opinión pública, ejerzan su oficio con el máximo profesionalismo y responsabilidad.

LOS MEDIOS: PRODUCTORES DE IDEOLOGÍA
LOS MEDIOS: EL CAMPO DE LAS LUCHAS POR EL PODER

Según Umberto Ecco, semiólogo, lingüista y escritor italiano, en su trabajo Se busca el rostro del poder, independientemente de que se trate de un periódico, de una transmisión televisiva o radial, “un medio de comunicación de masas es un productor de ideología”.

Igual criterio sostiene el uruguayo Eduardo Galeano en el libro Defensa de la Palabra. En él señala que los llamados mass-media “transmiten ideología con un asombroso poder de difusión y persuasión.”

Por su parte, Manuel Castells, sociólogo español, ensayista, escritor y experto en planificación urbana, profesor invitado en muchas universidades del mundo, en su libro La Era de la Información. El Poder de la Identidad, sostiene que los medios se han vuelto más poderosos que nunca, gracias a la tecnología que les da alcance global de manera simultánea y real, a su interconexión, a su autonomía relativa frente al poder político, a su capacidad de hacer periodismo de investigación sin controles y a su poder económico.

Para Castells, no es que los medios sean el Cuarto Poder: son más bien el campo de las luchas por el poder, pues se han convertido en la principal fuente de información y de opinión para la sociedad en general y porque se vinculan en tiempo real con el marketing político.

Hoy, los medios de comunicación se han convertido en el principal escenario político: ellos reflejan, comentan, interpretan, analizan, diseccionan, miden, critican o aplauden toda noticia vinculada a la actividad política en forma simultánea.

En todo caso, la política mediática no tiene que ser monopolio de grupos de interés ni de partidos políticos que usan el poder de la tecnología para perfeccionar la tecnología del poder.

Tal como afirma Restrepo“ la tecnología de la comunicación ha generado otro fenómeno: no se trata de escuchar el mensaje, sino la encuesta.”

Desde la política mediática, todo se llega a crear y recrear. Así se obtiene “la construcción mediática” de la noticia, del personaje, del escenario, del candidato político o de cualquiera otro tema.

Y como todo se construye, también se desconstruye o se destruye desde el campo de las luchas por el poder. La política mediática, aquí y en todas partes, requiere cada vez más dinero, merced a las diferentes tecnologías de la información, la propaganda, el marketing, las encuestas, el procesamiento de la noticia, la política de los números, los porcentajes y las estadísticas.

Y por aquella afirmación de que una imagen vale que más mil palabras, todo se filma y se fotografía, aunque siempre se dice más de lo que se muestra, según aclara Lorenzo Vilches, experto chileno en comunicación.

“INFORMACIÓN SOBRE LA INFORMACIÓN”

Serge Halimi es doctor en Ciencia Políticas, redactor estrella de Le Monde Diplomatique, en Paris, al que le dicen “el látigo del periodismo francés.”

Ha escrito un libro incendiario titulado LOS NUEVOS PERROS GUARDIANES: PERIODISTAS Y PODER en el que señala, entre otras muchas cosas, que ha llegado la hora informar sobre la información y sobre los periodistas que se erigen en profesores de moral y tienen el monopolio de la información.

Su libro, que por supuesto no esta traducido aun al español, ha dibujado un paisaje mediático desolador marcado por el mercado, y el compadreo entre la prensa y el poder

La información para Halimi es un producto estratégico, y razón no le falta. Sostiene que la pluralidad de los medios no garantiza el pluralismo de los comentarios.

En lo que respecta a hablar sobre los medios, sobre los periodistas, sobre la información que informan, “seguimos sometidos a una censura formidable” añade.

“La prensa siempre elige lo interesante, sobre lo importante. Confunden lo interesante con lo importante” sentencia Halim

LOS CÍNICOS NO SIRVEN PARA ESTE OFICIO
Sobre el buen periodismo
Ryszard Kapuscinski
Anagrama
Barcelona, 2003

R. K., polaco nacido en 1932, es autor de obras de historia contemporánea que se mueven entre el reportaje periodístico y la literatura: El Emperador (sobre Haile Selassie), La guerra del fútbol, El Sha, Another Day of Life, y El Imperio (una viva descripción de la realidad del imperio soviético, escrito tras una estancia de tres años en la URSS (1990-1992), Ébano, Lapidarium,…

Este libro recoge dos encuentros y una entrevista con R. K., celebradas en 1994 y 1999. Kapuscinski muestra con sencillez su modo de entender y hacer el periodismo, y lo hace con la autoridad de quien ha tratado de vivir lo que aconseja durante largos años de ejercicio profesional.

La clave de su estilo es la mimetización, vivir como uno más en las zonas más recónditas y anónimas del país que desea dar a conocer. No pretende basarlo todo en contactos "de alto nivel", que con frecuencia dan una visión sesgada o como mínimo lejana a la realidad. Es la suya una historia construida desde abajo, atenta a los pequeños detalles, fruto de la observación y de la intuición, ajeno a prejuicios ideológicos, despolitizada. "Es más útil entrar en un museo que hablar con cien políticos profesionales", dirá. "Hoy, para entender hacia dónde vamos, no hace falta fijarse en la política, sino en el arte. Siempre ha sido el arte el que, con gran anticipación y claridad ha indicado qué rumbo estaba tomando el mundo y las grandes transformaciones que se preparaban…" .

"Para ejercer el periodismo ante todo hay que ser buena persona"
Denuncia el empobrecimiento que ha sufrido el periodismo en su evolución histórica: de ejercicio de búsqueda de la verdad, ha pasado en demasiadas ocasiones a instrumento de poder político, y finalmente se ha convertido en espectáculo al servicio de un negocio. Ahora al frente de los medios no suele haber periodistas, sino hombres de negocios, y la información se ha separado de la cultura.

Aporta una intuición clarividente: las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Y nos ofrece una consideración que hará sonreir a más de uno, pero que es preciso recordar hoy: para ejercer el periodismo ante todo hay que ser buena persona. Si se es buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Es una cualidad que en psicología se denomina "empatía", que permite comprender el carácter del interlocutor y compartir de forma natural y sincera sus problemas. En este sentido, el único modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia: existimos sólo para los demás, para compartir con ellos sus problemas e intentar resolverlos, o al menos describirlos.

A su juicio, capacidad de sacrificio y formación permanente son elementos indispensables para el buen periodismo. "En el periodismo, la actualización y el estudio constantes son la conditio sine qua non. Nuestro trabajo consiste en investigar y describir el mundo contemporáneo, que está en un cambio continuo, profundo, dinámico y revolucionario. Día tras día, tenemos que estar pendientes de todo esto y en condiciones de prever el futuro. Por eso es necesario estudiar y aprender constantemente. Tengo muchos amigos de gran calidad junto a los que empecé a ejercer el periodismo y que a los pocos años fueron desapareciendo en la nada. Creían mucho en sus dotes naturales, pero esas capacidades se agotan en poco tiempo; de manera que se quedaron sin recursos y dejaron de trabajar".

Recomienda al periodista paciencia y trabajar duro: "los lectores acaban reconociendo la calidad de nuestro trabajo y asociándola con nuestro nombre. Son ellos los que deciden, no el director".

El periodismo sí es para cínicos: una repuesta cínica (anónimo)

En un ejercicio de irresponsabilidad, todos hemos sumergido al periodismo en un subterfugio de intereses en el que el beneficio cobra el primer y único interés de los poderes fácticos que lo emplean por y para su mejor beneplácito. Éste es, entiéndase, como la maximización de los ingresos que sus diferentes negocios les reporten. Y ante él, los medios sólo pueden ejercer esa bisagra que se consagra junto a la cabecera de turno. El mensaje se evapora, el mensajero puede morir. Poco importa cuándo, y en qué cantidad, interesa aún menos. Los medios cobran relevancia para ejecutar ese manido tráfico de intereses que el cacique, el terrateniente, el oligarca o el mafioso de turno pueden y quieren llevar a cabo. Y ahí se sienten cómodos, sin duda.

Objetivos económicos sí. Pero no los únicos. Los medios de comunicación -en general-, y de información -en particular- apuntan y disparan para su consecución. Los grupos editoriales se configuran como grandes espectros sociales que alimentan el tráfico de palabras o ideas. Nunca para hacerlo con la verdad. Y si la hay, es esa que no pueda molestar, con la que pueden traficar. Porque el despotismo es así: está llena de hombres y nombres enjutados en su propia desfachatez y camuflados bajo estrechos nudos de corbata. Desgraciadamente, abundan en los medios de comunicación.

Desconozco el pecado que para con el periodismo hemos cometido, pero la enfermedad que padece es grave. Parece que todos los que estamos jugando con su contenido, con su forma y con su fondo nos hayamos acostumbrados al trapicheo barato de la noticia. Desde la propia Universidad es desde donde se viene abajo la estructura informativa, la calidad periodística, la valoración noticiosa. Desde las redacciones es donde se ahogan las necesidades de querer contar lo que desgraciadamente no se puede contar. Mientras, en los despachos, ríen, se asustan, y nos liquidan. Hay cosas que no se pueden decir. "Maldita sea, no eres objetivo", sollozan.

La objetividad no existe. Nunca existió y me niego a exista en algún momento. La objetividad sólo es un invento del dinero a través del cual se pretende justificar frases inconexas, ingravitas e inválidas para aportar absolutamente nada. Frente a ello, la veracidad y la honradez buscan un protagonismo perdido ante la inexactitud que representa la objetividad. Todos creen saber de objetividad, todos piensan valorar la objetividad, todos aseguran conocer la objetividad. Incierto. Nos amparamos en la objetividad para no contar verdades, para no molestar e incomodar. Pero la objetividad no se basa en una línea recta sobre la que tengamos que caminar para elaborar una información. Ahí es donde comienza a desviarse la relación causa-efecto que el periodismo, entre otras cosas, debería llevar intrínsico.

Este requiem es para una profesión en coma, enferma de poder, de éxito, de ego, de víboras desposeídas de valor. El periodismo como profesión no se ha contagiado por cuenta ajena. Han sido otros los que la han llevado a un coma del que es difícil que salga, acorde con los valores que se estilan en los pomposos despachos conjuntos a las redacciones. El periodismo no cambiará a corto plazo, porque sencillamente es rentable. Kappucinsky decía que este oficio no es para cínicos. Discrepo: está hecho para ellos. Para cínicos que utilizan en su propio beneficio el uso de la información, el derecho a la (su) verdad, los intereses creados. Para ellos, el periodismo actual está hecho a la perfección, tiene una marca definitoria que no admite ni discusión, ni un matiz de modificación.
El periodismo ha muerto ¡Viva el periodismo!

1 comentario:

  1. Susana Seleme fue nuestra segunda invitada especial en el Módulo Periodismo Político. ¿Qué les pareció? ¿Encontraron datos o revelaciones novedosas? ¿Las reflexiones sobre periodismo están conectadas con la realidad que vivimos en el ejercicio diario de nuestro oficio? ¿Sobre qué temas les gustaría profundizar? ¡Vamos, colegas, provoquemos más debate!

    Maggy

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